domingo, 1 de agosto de 2010

Palabras para la tierra de uno

Tantas veces me he propuesto olvidarte, como si fueras un amante cruel de esos que le cierran a uno la puerta en las narices; o uno de aquellos que cuanto más se aman más olvido prodigan.


Pero nada de lo que hago lo consigue.


Viene el verdor, la lluvia, el viento, el revoleteo de los papeles en las calles, el roble derramando sus flores como cáscaras de seda en las aceras, el rostro del chavalo con el trapo, su sonrisa que cruza y trasciende la pobreza.


Viene el atardecer sobre el perfil puntiagudo del volcán a lo lejos, las nubes derramando pintura roja y púrpura sobre el cielo, el hablar deslenguado, rápido, juguetón de la gente, y todo lo que maldigo y desdigo de vos se me deshace y me irrumpe el amor como si me corrieran caballos en el pecho, y te contemplo, atravesada de ceibos, corteses de madroños, caobos y palmeras, y te amo patria de mis sueños y mis penas, y te llevo conmigo para lavarte las manchas en secreto y susurrarte esperanzas y prometerte curas y encantos que te salven.

Palabras digo, puesto que son ellas la argamasa de mi vida, y a punta de palabras te imagino una y otra vez renacida, genial, despojada de cuanta polilla te corroe día a día los cimientos.

Arranco de tu pelo a los que te venden, te roban, y te abusan;
Te cuento cuentos en la esquina de mi almohada;
Te arropo y te tapo los ojos para que no veas a los verdugos que llegan a cortarte la cabeza;
Y me consuela que seas irredenta:
Tierra Paisaje


Saber que moriré, que morirán mis angustias y que vos seguirás anclada en el mismo lugar comiéndote mis memorias y mis huesos.

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Mujer; 68 años. Estudiosa, poeta y artista digital.